Artículo de Ana Isabel Ferreras
Cada día le veo más arrugado, arrastrando los pies al caminar y desgastando la suela de sus zapatos. Acompañado de su eterna boina a la que de un tiempo acá ha regalado un nuevo compañero de viaje: un bastón de artesano. Cada vez más delgado y mermado pero cada día más feliz por disfrutar del regalo de la vida en el mejor lugar para su alma: su querido pueblo. “El día que me saquen de aquí no vuelvo”, comenta de vez en cuando, y el miedo asoma en sus ojos como un lamento.

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La situación de las personas mayores en las zonas rurales, es de todo menos fácil. El proceso natural del envejecimiento en el medio donde habitas, se presupone el más adecuado, pero lamentablemente esta circunstancia está muy lejos de la realidad. Por desgracia, las políticas que han establecido las instituciones con competencia en la materia, están siempre encaminadas a ‘concentrar’ a nuestros mayores en las cabeceras de los grandes municipios/comarcas, incluso en la capital, dejando desamparados a todos aquellos que desean disfrutar de la vejez en su propio territorio. La respuesta no es otra que favorecer la despoblación vaciando pueblos antes de su desgaste natural en pro de criterios puramente económicos.
Afortunadamente en la comarca de Rueda, todavía quedan algunas personas que con su osadía y coraje, han desafiado contra viento y marea todos los pronósticos y han conseguido sacar adelante el Centro de Alzheimer de La Aldea del Puente, devolviendo la sonrisa a un buen puñado de ancianos y mejorando considerablemente su calidad de vida. 
Y nosotros en Gradefes, no queremos ser menos, y desde nuestra responsabilidad también hemos sorteado los dardos cargados de envenenada tinta política y malas praxis, para construir un edificio que pueda mejorar la situación de nuestros mayores, garantizando algo tan básico como la alimentación diaria, atención y prevención de enfermedades, relaciones sociales, etc. Y para ponerlo en marcha contaremos con el equipo de La Aldea del Puente, que extenderá así la excelente labor que están realizando, tan encomiable y muchas veces !tan poco reconocida!. Porque si no hiciéramos nada por ellos seríamos cómplices de su lamento.

Categorías: Opinión

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