Artículo de Ana Isabel Ferreras 
Para nada resulta sencillo hacer la compra en la mayoría de los pueblos de nuestra provincia, acostumbrados como estamos en las grandes ciudades a los supermercados, centros comerciales, etc. Aquí podemos elegir entre multitud de opciones en productos perecederos y los que no lo son. Frente a nuestras narices colocan lustrosos y relucientes pescados frescos, carnes varias, frutas y verduras, etc. Pero si vives en un pueblo, lamentablemente no vas a disponer cerca al Mercadona o Carrefour de turno, y si además se trata de personas mayores y sin vehículo de transporte….peor me lo pones.

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Hacer la compra diaria en un pequeño pueblo es hoy en día, prácticamente imposible. Las pequeñas tiendas de ultramarinos que convivían con los vecinos hace unos años, han desaparecido sufriendo los efectos de la despoblación. Aquellos que las regentaban han dejado con el vacío de su ausencia, la imposibilidad de atender al vecindario. Todavía recuerdo con nostalgia la cantina de Villacidayo, en la que se mezclaba el olor a vino y tabaco, con el aceite, los jabones, harinas, café y demás. Detrás del mostrador descubrías la aventura de un almacén con las provisiones imprescindibles para cualquier casa y la entrañable atención que proporcionaban los inolvidables hermanos Isida y Jesús. 
Hoy comprar el pescado o la carne, el detergente y las pilas, la hogaza y hasta el colchón supone que un vendedor ambulante aparque el furgón frente a tu casa y depliegue tras los portones, el valioso material. Por supuesto no tan variado, pero de sobra para surtir de alimentos y provisiones a cualquiera. No estamos hablando de grandes emprendedores, ni de nuevos yacimientos de empleo como algunos en los despachos gustan describir. Se trata simple y llanamente de aventurados autónomos que aportan con su granito de arena, lo suficiente para garantizar la supervivencia de los pueblos. Porque no todos tienen vehículos para acercarse a la ciudad o a la cabecera de comarca, ni la mayoría están en edad de conducir, y porque la era de las nuevas tecnologías de la que tanto se llenan la boca los políticos, sigue sin acercarse, en algunos casos ni por asomo, al mundo rural, que por no tener, no tienen ni cobertura de teléfono móvil.
Afortunadamente y esperemos que por muchos años, en Gradefes sigue abierto el Bazar de Dolores y el supermercado Torbado, en el que además de regentar el negocio, Jose y Pili están haciendo una buena labor social acercando la compra hasta casa, a todos aquellos clientes que así lo requieren y en los pueblos de la zona. Es de agradecer que gente así siga apostando por el pueblo y que no cese el ánimo.

Categorías: Propuestas

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